Carlos Pérez Pineda (*)
La tradicional resistencia de las
elites dirigentes a realizar las reformas necesarias para asegurar la
estabilidad política a largo plazo contribuía a la conflictividad del proceso
político salvadoreño. Desde el inicio de su periodo presidencial en 1967, el
general Fidel Sánchez Hernández proyectaba decretar un nuevo código de trabajo más
apropiado para normar los derechos de los trabajadores y sustituir el viejo Código
que había evidenciado sus deficiencias al finalizar el periodo presidencial del
coronel Julio Adalberto Rivera, sacudido por una serie de huelgas. Sin embargo,
el proyecto de aprobación del nuevo Código progreso muy lentamente, ya que
estaba sometido a las presiones de las poderosas organizaciones de la empresa
privada (32). Sánchez Hernández
enfrento, en 1966, 1967 y 1968 exitosos movimientos huelguísticos
protagonizados por conductores de autobuses de la capital, médicos y
estudiantes de medicina, maestros organizados en la Asociación Nacional de
Educadores Salvadoreños (ANDES 21 de junio) y por sindicatos y federaciones
sindicales de trabajadores que demandaban básicamente mejores salarios y
mejores condiciones laborales.
A pesar de serios momentos de confrontación y algunos incidentes represivos graves, incluidos secuestros y asesinatos atribuidos a los cuerpos de seguridad, el movimiento huelguístico fue tolerado por los gobiernos del coronel Julio Rivera y del general Fidel Sánchez Hernández pudiendo desplegarse y alcanzar éxitos significativos. (33) En realidad, la ola de protesta del periodo 1967-1972 fue impulsada por la liberalización paulatina del régimen y se caracterizo por su naturaleza reformista y no violenta. (34) En la escena de la política partidaria, las elecciones tendieron a convertirse en eventos cada vez mas competitivos, tal como lo evidenció una serie de resultados electorales favorables al principal partido de oposición, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), que amenazaba por convertirse en un rival demasiado poderoso en las próximas elecciones de diputados en la Asamblea Nacional Legislativa programadas para el mes de marzo de 1970. A pesar de la conflictividad social crónica favorecida por las profundas inequidades de la sociedad salvadoreña, el gobierno del General Fidel Sánchez Hernández no enfrentaba en junio de 1969 graves amenazas a su estabilidad política.
El gobierno hondureño presidido por
Oswaldo López Arellano, después de reñidas elecciones municipales en marzo de
1968, se vio afectado por un aumento de la oposición interna manifestado en una
huelga general muy bien organizada en la Costa Norte en septiembre de ese mismo
año, y en las protestas en la capital por la creación de nuevos impuestos
asociados a la aprobación del llamado Protocolo de San José. (35) la demanda
creciente de tierras por parte del campesinado, las ocupaciones de tierras
nacionales y privadas por campesinos precaristas y los intentos de los grandes
terratenientes de expulsarlos violentamente, agravaron las dificultades del
gobierno hasta alcanzar niveles críticos. Los conflictos agrarios adquirieron
alarmantes manifestaciones en febrero y marzo de 1969 cuando los ganaderos,
especialmente los del departamento de Olancho, reafirmaron su predisposición a
usar la violencia en contra del movimiento campesino y ejercieron a través de
la FENAGH una creciente presión sobre el Instituto Nacional Agrario (INA),
agencia gubernamental encargada de dirimir las disputas de tierras. (36) La
FENAGH apoyaba la extensión de los grandes latifundios de sus miembros a costa de
las tierras del Estado, y como los campesinos inmigrantes salvadoreños
generalmente estaban asentados en tierras estatales, el poderoso gremio
ganadero lanzó una gran campaña propagandística contra todo lo salvadoreño en
Honduras. El gobierno hondureño decidió resolver la crisis agraria mediante una
maniobra diversionista que, en aquel momento, parecía ser una solución de bajo
costo político: la expulsión de los campesinos precaristas salvadoreños de las
tierras nacionales que ocupaban de hecho, desde muchos años atrás y la
aplicación sin contemplaciones del articulo 68 de la vieja ley agraria de
Villeda Morales que establecía la ciudadanía hondureña por nacimiento, como
condición para ser beneficiario de los programas de distribución de tierras del
Instituto Nacional Agrario (INA). (37) La reforma agraria tenía un objetivo
eminentemente político: disminuir la conflictividad social en el medio rural
apelando a un nacionalismo reaccionario dirigido exclusivamente contra la
minoría salvadoreña, ya que no se pretendía afectar a las compañías bananeras
extranjeras que, junto con los latifundistas nacionales, concentraban las
tierras más fértiles del país. (38) La presión ejercida sobre el gobierno por
los empresarios ganaderos, a través de la FENAGH y el Partido Nacional,
lograron la implementación de medidas para dividir al campesinado a través de
una línea de demarcación nacional; la ejecución despótica de la ley agraria
discriminatoria derivó en la expulsión masiva de inmigrantes salvadoreños del
territorio nacional y convirtió de un conflicto interno por los recursos, en un
conflicto internacional. (39)
Los incidentes violentos en ambos
capitales relacionados con los partidos de futbol han sido considerados como el
detonante que desencadenó la crisis interestatal salvadoreña-hondureña de 1969.
Sin embargo, en un primero momento, los medios de prensa y las autoridades de
ambos países, no solamente repudiaron los actos violentos, sino que los
atribuyeron a grupos que actuaban al margen de la ley, pero mientras las
autoridades hondureñas culparon a “bandas de rateros y delincuentes comunes”
por los saqueos y la violencia, las autoridades salvadoreñas atribuyeron los
desórdenes en su país, a una conspiración comunista. (40) El diario hondureño
El Día, repudió los actos violentos e intimidatorios de “hordas de vándalos y
pícaros” que saquearon establecimientos comerciales que vendían productos
salvadoreños y denunció en una nota periodística de primera plana que, “anoche
en diversas colonias capitalinas como Palmira, La Alameda, San Rafael,
Miraflores, Jardines de Loarque, Marichal y otras, pandillas de vagos y
maleantes se dieron a la vil tarea de tocar timbres y puertas de residencias
preguntando a gritos si en las mismas vivían salvadoreños o extranjeros”. (41)
El Día reporto también que agentes del Cuerpo Especial de Seguridad presentes
en los lugares donde ocurrieron los incidentes, no impidieron la ejecución de
actos delictivos por los grupos violentos. El matutino capitalino hizo suya la
pregunta formulada por otro importante diario nacional acerca de la existencia
de un vació de poder que impedía a las autoridades “controlar a pandillas de
rateros y seres antisociales”. (42) Las autoridades de seguridad hondureñas
reportaron, sin embargo, la captura de “mas de doscientas personas entre
obreros, estudiantes, vagos y maleantes” que fueron detenidos en el Cuartel
General de Casamata como presuntos implicados en la destrucción y saqueo de
varios establecimientos comerciales propiedad de hondureños y salvadoreños.
(43)
La Comandancia General del Cuerpo
Especial de Seguridad (CES) llamó a “todos los hondureños bien nacidos”,
mediante un boletín emitido por su Departamento de Relaciones Públicas el 16 de
junio de 1969, a mostrar “nuestro respeto, nuestra cordura y nuestra
hospitalidad; no destruyendo la propiedad privada, ni formando tumultos que
degeneren en escándalos públicos”. La Comandancia General del CES manifestó, en
una clara alusión a los incidentes ocurridos en territorio salvadoreño, que
“como buenos hondureños debemos soportar con hidalguía los daños, males y
abusos recibidos, pero nunca pagar con la misma moneda”. El comunicado
finalizaba excitando a los hondureños a cooperar con las autoridades, a no
destruir la propiedad privada y a no poner “en peligro vidas humanas, que
equivocadamente puedes dañar a tus propios ciudadanos”. (44)
Ciertamente, algunos ciudadanos
hondureños fueron victimas de la turba enfurecida al ser confundidos con
salvadoreños; tal fue el caso del propietario del Circo Darwin, originario de
Concordia, Departamento de Olancho, quien perdió mantas, vehículos automotores,
plantas eléctricas y otra propiedad, valorado todo en 43,000 mil lempiras, en
un incendio causado por una enardecida turba anti salvadoreña en el barrio
Concepción de San Pedro Sula. (45) Por lo menos una de las manifestaciones anti
salvadoreñas que estaban ocurriendo en importantes ciudades del país causo
victimas fatales hondureñas. Un menor de 13 años de edad y una joven de 22 años
fueron muertos a balazos por efectivos del Servicio Especial de Guardacostas de
Puerto Cortes, mientras observaban la disolución de una espontanea
manifestación anti salvadoreña que, había partido del parque central de esta
ciudad portuaria, el 16 de junio de 1969. Las victimas se encontraban en los
altos de un edificio cuando fueron alcanzadas por las balas disparadas al aire
por los efectivos militares con el propósito de dispersar a los manifestantes.
(46)
Las radioemisoras locales hondureñas,
encabezadas por Radio América y Emisoras Unidas, iniciaron “ un intensiva y
sistemática campaña llamando a la cordura, buen juicio y serenidad del pueblo
hondureño a fin que no se adopten represalias contra los ciudadanos
salvadoreños que conviven con nosotros, asi como para que respeten la propiedad
privada en vista de actos vandálicos que elementos antisociales, vagos y
resentidos, lo mismo que pandillas de delincuentes juveniles, han iniciado en
esta capital” (47) El diario El Día recordó que las relaciones cordiales
existentes entre Honduras y El Salvador, “país hermano al que legó sus restos
el General Francisco Morazán no pueden ser enturbiadas por hordas de pillos y
genízaros (sic) operando en San Salvador y Tegucigalpa”. El matutino capitalino,
hizo además un llamado a los periódicos salvadoreños y hondureños a “no atizar
las hogueras del rencor entre naciones fraternas” y a prestar su contribución
para el restablecimiento de un necesario clima de paz. (48) Después de condenar
“el primitivismo salvadoreño” en contra de los visitantes hondureños y
constatar, “para preocupación de todos”, que estaban ocurriendo represalias en
contra de los residentes salvadoreños en Honduras, El Día observó que “(…), no
nos queda otro camino que lamentar los acontecimientos y al mismo tiempo,
apelar a la cordura del pueblo hondureño, en el sentido de que no se deje
arrastrar por la ira en este momento de indignación nacional”. (49)
Mientras tanto en El Salvador, la
Policía Nacional detuvo a 120 personas sospechosas de participar en los
disturbios, y su director general coronel Oscar Rank Altamirano, acusó a
“dirigentes de reconocida filiación izquierdista, algunos de los cuales usaron
insignias rojas en la solapa” de planear los “graves desordenes” durante la
noche del sábado 14 de junio. El jefe policíaco, afirmó que los desordenes
obedecieron a “consignas externas” y subrayó que “no fue el fanatismo deportivo
el origen de esos disturbios”. (50) El gobierno salvadoreño emitió el 16 de
junio de 1969, un comunicado que subrayaba que los actos del 13 y 14 de junio,
pertenecían “al mismo campo de la delincuencia”, manifestando su deseo de
“dejar constancia del repudio a los actos violentos que organizaron y
dirigieron gentes partidarias del desorden y ubicados por la opinión pública
como agitadores comunistas que se convirtieron en una turba suelta, amparándose
en el entusiasmo de la verdadera afición”. El comunicado gubernamental destacaba
que la violencia de los “partidarios del desorden” había sido dirigida contra
la “vida y propiedades de sus propios compatriotas salvadoreños e instituciones
del Estado, como el edificio de Correos Nacionales y semáforos que regulan el
transito local”. (51)
La Asociación General de Estudiantes
Universitarios Salvadoreños (ADEUS) publico una declaración en su periódico “Opinión
Estudiantil” acusando al general José Alberto Medrano, Director de la Guardia
Nacional, de provocar los incidentes del 14 de junio frente al Gran Hotel San
Salvador. Según “Opinión Estudiantil”, la AGEUS contaba con “información
fidedigna” de que el general Medrano había llevado miembros de la Organización Democrática
Nacionalista (ORDEN) desde los departamentos del país, para provocar actos
violentos bajo la apariencia de fanáticos del futbol. (52). No es fácil
establecer el rol del famoso militar en los desórdenes del 14-15 de junio en
San Salvador, sin embargo, lo que parece claro es que, el general Medrano
estuvo presente en el escenario de los acontecimientos; que guardias nacionales
bajo su mando, participaron en los hechos violentos de esa noche, y que el
general culpo a políticos de oposición, de dirigir a los grupos violentos que
destruyeron propiedad pública y privada.(53) La hostilidad de las turbas de
aficionados al futbol, en las que seguramente había un numero desconocido de
elementos anti sociales, había sido dirigida únicamente contra la delegación
deportiva y los aficionados hondureños visitantes en El Salvador. Esto fue
reconocido en un comunicado de la Asociación Nacional de Industriales de
Honduras que señalo como víctimas “del tratamiento violento y agresivo” de los
salvadoreños a “los deportistas hondureños y a la fanaticada que los acompaño”.
(54). Los hondureños, residentes en el país, no fueron objeto de actos de
violencia; ni de campañas sistemáticas de odio en los medios de prensa. Parece
ser que el gobierno salvadoreño, (estaba) mas interesado en permitir actos
hostiles contra los visitantes hondureños, para desprestigiar después a los
partidos de oposición política, que en dirigir agresiones sistemáticas contra
ciudadanos hondureños radicados en El Salvador.
Las autoridades y los medios de comunicación hondureños, exageraron posteriormente la gravedad de los incidentes alrededor del partido de futbol en San Salvador, hasta el extremo de asegurar que mujeres de esa nacionalidad, fueron violadas en el Estadio Flor Blanca. Dos narraciones muy detalladas y convincentes aparecidas en el diario El Día de Tegucigalpa, inmediatamente después de tales acontecimientos, una de las cuales fue hecha por una mujer, describen diversas manifestaciones de hostilidad en contra de los visitantes, el asedio al hotel en donde se alojó la delegación deportiva hondureña, vehículos dañados por piedras arrojadas por las turbas, ataques con bolsas de plástico que contenían orines, insultos terribles, irrespeto al Himno Nacional de Honduras, agresión con arma de fuego contra un médico hondureño y hasta ofensas raciales contra los jugadores costeños afrodescendientes de la selección visitante, pero no mencionan en ningún lugar violaciones de mujeres hondureñas por las turbas fanáticas salvadoreñas. (55) El Directorio de la Federación Nacional Deportiva Extraescolar de Honduras, dirigió un pronunciamiento, firmado por su secretario Ramón Pérez Zúniga, al presidente del Comité Cívico Pro Defensa Nacional, doctor Miguel Andonie Fernández, que contenía un relato de los ocurrido en San Salvador. El pronunciamiento de la Federación Nacional Deportiva de Honduras, hiso alusión a las ofensas contra los símbolos patrios en el estadio salvadoreño, pero no hizo ninguna alusión a violaciones de mujeres hondureñas por la turba salvadoreña. (56) El diario La Prensa de San Pedro Sula destacó los pormenores del asedio al Gran Hotel San Salvador, en donde se alojó la delegación deportiva hondureña, por turbas de fanáticos salvadoreños, dedicándole mas tinta y espacio que a lo acontecido en el estadio Flor Blanca. El comentario de los resultados del juego por el periodista Norman Serrano, hizo referencia a la “serenata de bombas, bulla, agresiones y otras cosas”, con el fin de crear nerviosismo entre los jugadores hondureños, lo que “dio sus frutos” posteriormente en el marcador final del partido de futbol del día 15, pero no menciona absolutamente nada acerca de mujeres hondureñas agredidas y violadas en las graderías del estadio de la capital salvadoreña. El pie de la fotografía de la barra hondureña en el estadio salvadoreño subrayó únicamente que la alegría de los aficionados hondureños se desvaneció a medida que cayeron los tres goles salvadoreños, y que, muchos de ellos, abandonaron el estadio antes de terminar el partido. (57) También la nota aparecida en primera plana de la edición del 17 de junio, llamando al pueblo hondureño a la cordura, no hace ninguna referencia a violaciones de mujeres por turbas salvadoreñas, sino que comenta únicamente que “hemos visto a los hondureños regresar lesionados, ofendidos, con sus carros dañados y amargados con la mayor de las desilusiones de un pueblo que creíamos HERMANO”.
Fuente: Una Guerra Breve y Amarga, Dirección
Nacional de Cultura y Arte de la Presidencia, Universidad Evangélica de El
Salvador, San Salvador 2016, páginas 43 a 50.
32 Hernández
Pico y otros., El Salvador: Año Político 1971-72, 11.
33 El periodo 1966-1968 ha sido
llamado, desde una perspectiva de izquierda, el período de las huelgas
combativas. Valle, Siembra de vientos, 100. Según Paul Almeida, “(…), para 1967
se dio una leve reducción de los precios internacionales del café (Colindres,
1977), mientras el MCCA se aproximaba a niveles de saturación, lo que ubico al
nuevo régimen del general Salvador (sic) Sánchez Hernández bajo un grado de
presión interna cada vez más intenso (Webre, 1979)”. Almeida, Olas de
movilización popular, 1967.
34 Almeida, Olas de movilización
popular, 148-149.
35 El Protocolo de San José suscrito el
1 de junio de 1968, impuso una sobrecarga del 30% sobre el arancel común
externo sobre bienes importados no esenciales y concedió a los gobiernos la
facultad de gravar con impuestos de consumo del 10% a los bienes no esenciales
y con impuestos de consumo del 20% a los artículos de lujo producidos dentro de
Centroamérica. Este Protocolo reveló los problemas políticos emergente del
Mercado Común Centroamericano y provocó, en septiembre de 1968, una huelga en
la Costa Norte hondureña que desafió seriamente al gobierno de Honduras, el
cual ratificó, a pesar de las protestas, dicho Protocolo. Rowles, El conflicto
Honduras-El Salvador, 40.
36 Las relaciones entre la FENAGH y el
INA habían sido tensas antes de la ruptura de relaciones entre Honduras y El
Salvador. El 14 de junio, la X Convención Nacional de FENAGH había decidido
emplazar judicialmente al director del Instituto Nacional Agrario (INA),
Licenciado Rigoberto Sandoval Corea, en relación a disputas de tierra entre
campesinos, una parte de ellos de origen salvadoreño, y terratenientes. La
FENAGH acusaba al INA de alentar a los campesinos a irrespetar el derecho a la
propiedad privada de sus miembros. “Director del INA será acusado”, La Prensa,
18 de junio de 1969, (en primera plana); “INA sigue apoyando asalto a
propiedad”, La Prensa, 19 de junio de 1969, 5. La Federación Nacional de
Ganaderos y Agricultores de Honduras (FENAGH) fue fundada en el año 1966 con el
propósito de oponerse a las demandas de reforma agraria por parte de los
campesinos y promover de manera organizada el proceso de extensión de las
grandes propiedades por medios legales e ilegales. Thomas P. Anderson señala a
la FENAGH como la gran culpable de la crisis que condujo a la guerra entre
Honduras y El Salvador en 1969. Anderson, La Guerra de los desposeídos, 73.
37 El historiador británico Bulmer
Thomas califica de cobarde la decisión del gobierno de López Arellano de
implementar el programa de reforma agraria a costa de los salvadoreños. Bulmer
Thomas, La Economía Política de Centroamérica, 256. El historiador militar
norteamericano Charles H. Briscoe, autor de un breve relato del conflicto
escrito con el apoyo de la Asociación de Veteranos de Guerra de Honduras,
reconoce, a pesar de sus manifiestas simpatías prohondureñas, el trato injusto
de la reforma agraria hondureña a los campesinos salvadoreños que ocupaban y
laboraban tierras nacionales. “La decisión del gobierno hondureño de restituir
la reforma agraria era una buena idea. Sin embargo, la puesta en practica de
esta reforma no tuvo en cuanta la realidad de la propiedad agraria en las áreas
fronterizas y no facilitaba ninguna compensación para los propietarios no
ciudadanos. Proponía soluciones que creaban mas problemas”. Briscoe, Treinta
años después, 33-34.
38 Molina Chocano, Integración
Centroamericana, 67. El agresivo lenguaje nacionalista antisalvadoreño
utilizado por el director del INA, Licenciado Rigoberto Sandoval Corea, en una
entrevista concedida al diario El Cronista, publicada el 18 de junio, de 1969
bajo la rubrica “18 aldeas serán limpiadas de Guanacos en Yoro” refleja el
espíritu que impulsó la ejecución de la reforma agraria hondureña. Sandoval se
refirió a los desalojos de precaristas salvadoreños como “una nueva limpieza de
campesinos salvadoreños infiltrados en territorio nacional”. Sandoval
consideraba las medidas que serían ejecutadas en el departamento de Yoro como
“nuestra segunda embestida, destinada a sanear las tierras nacionales y
ejidales del país de la invasión campesina extranjera (…)” y prometió que diez
aldeas serían “saneadas en Yoro de usurpadores extraños de nuestras tierras”.
Slutsky, Carias y otros., La Guerra inútil, 293.
39 Williams, Export Agriculture and the
Crisis, 127.
40 “Vacío de Poder en Gobierno del
General López Arellano”, El Día, 17 de junio de 1969, “Gobierno repudia actos
vandálicos”, El Mundo, 16 de junio de 1969, 9.
41 “Turbas intranquilizan ciudadanía”,
El Día, 17 de junio 1969.
42 “Vacío de
Poder en Gobierno del General López Arellano”, El Día, 17 de junio de 1969.
43 El diario El Día publicó una
fotografía de supuestos “hampones y maleantes salvadoreños” que habían
participado en los saqueos a los establecimientos comerciales arriba de otra
fotografía de hondureños “que acompañaban en sus actos delictivos a los salvadoreños”.
“Salvadoreños presos por saquear establecimientos”, El Día, 18 de junio de
1969. También La Prensa de San Pedro Sula publicó fotografías de supuestos
delincuentes salvadoreños que habrían participado en los desmanes contra
comercios propiedad de sus compatriotas en esa ciudad, destacando que “muchos
guanacos” habían sido victimas de “la insólita maldad de sus coterráneos”.
“Salvadoreños escenificaron desórdenes en esta ciudad”, La Prensa, 25 de junio
de 1969, 18.
44 “Llamado a la
cordura hace el CES”, El Día, 17 de junio de 1969.
45 “Compatriota pierde circo valorado
en 43 mil lempiras”, El Día, 7 de julio de 1969.
46 “En Puerto Cortes, trágicamente
mueren jóvenes”, La Prensa, 18 de junio de 1969, 6.
47 “Llamado a la cordura hace el CES”,
El Día, 17 de junio de 1969.
48 “Vacío de Poder en Gobierno del
General López Arellano”, El Día, 17 de junio de 1969.
49 “Una situación crítica”, El Día, 18
de junio de 1969.
50 “Planearon desórdenes”, El Mundo, 16
de junio de 1969, (en primera plana).
51 “Gobierno repudia actos vandálicos”,
El Mundo, 16 de junio de 1969, 9.
52 AGEUS, “La verdad de los hechos de
junio en San Salvador”.
53 El dirigente demócrata cristiano,
Julio Adolfo Rey Prendes, escribió en sus memorias que “el presidente Sánchez
Hernández me comentó muchos años después que recriminó a Medrano por haber sido
uno de los promotores del escándalo. Esa llamada de atención debe de haber
provocado que Medrano se inventara la excusa de que intervino para poner orden
a las ´chusma dirigida por políticos deshonestos que nada les importa la vida
humana´ lo que trato de comprobar diciendo: “porque vi a Rey Prendes platicando
con Fabio Castillo Figueroa”. Estas declaraciones que las leí en el Diario
Latino, las respondí al día siguiente diciendo que la noche del escándalo, yo
había tenido una importante cena en mi casa y mencioné a todos los invitados
como testigos de mis afirmaciones y que por otra parte el mismo Medrano se
condenaba a sí mismo cuando en sus declaraciones había mencionado que los
manifestantes gritaban “Viva El Salvador”, “Viva la Selección Nacional” y “Viva
Medrano”. Por la boca muere el pez, está claro que Medrano dirigió a las masas
y que cuando éstas se desbordaron, arremetió contra ellas a ´culatazos y
bastonazos´ y que fue por esta actitud de los guardias que la gente indignada
lanzó piedras contra la Oficina de Correos”. Rey Prendes, De la Dictadura
Militar a la Democracia, 193.
54 “Lamenta resquebrajamiento de
relaciones la Asociación Nacional de Industriales”, El Día, 2 de julio de 1969,
(en primera plana).
55 Erlinda Landa Blanco, “Como nos
trataron en El Salvador”; J. Oswaldo Ramos Soto, “Salvaje actitud guanaca
contra los hondureños”, El Día, 17 de junio de 1969, 7.
56 “Federación Deportiva de Honduras
culpa autoridades de El Salvador”, El Día, 9 de julio de 1969, 11.
57 Norman Serrano, “Mi opinión”, La
Prensa, 17 de junio de 1969, (en primera plana).
58 “Hondureños cordura”, La Prensa, 17
de junio de 1969, (en primera plana).
(*) Docente e historiador salvadoreño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario